Alejamientos y escapismo en perros

Los perros que se alejan por grandes distancias y/o periodos más o menos largos de tiempo, lo hacen por una necesidad propia que, la mayoría de las veces, no estamos preparados para asumir. Perros que pierden el norte detrás de un rastro o presa, perros con riesgo de huida por miedo o perros que simplemente se estimulan mucho con el entorno y disfrutan con sus escapadas. dog.escape

No estar presentes ante las situaciones que pueda encontrarse o provocar nuestro perro, en general, nos mantiene en un estado de ansiedad y preocupación importantes. Todo ello derivado de un pensamiento catastrófico que se alimenta de nuestros miedos y de la idea de que, los perros, no son capaces de resolver por si mismos ciertas situaciones o conflictos.

Los consejos más comunes cuando sufres este tipo de problemas se basan en el uso de herramientas de control:

  • La llamada – Casi siempre ineficaz en estos casos, pues la necesidad de irse supera la obligación de obedecer.
  • El collar eléctrico – Genera comportamientos a través del dolor y el miedo, con todos sus problemas asociados.
  • La decisión de no soltarlo nunca – Interfiere de forma importante en el desarrollo social del perro y en su propia salud física y mental.

Las personas que nos interesamos por el bienestar de nuestros perros sentimos la motivación de no quedarnos en la comodidad del control y buscamos nuevas fórmulas que nos permitan dar libertad al perro para desarrollarse como perro sin que ello suponga un problema para él mismo, para nosotros y para la sociedad en general.

Jordi Herrera ofrece un seminario específico para los problemas de alejamiento con un enfoque novedoso, pero cargado de sentido común, que nos invita a actuar desde la sinceridad, el respeto y la coherencia. De forma muy cercana nos habló de su propia experiencia personal con Lluna y cómo pudo resolver su problema de alejamiento sin restar calidad a la vida de ambos. Desde una perspectiva profesional y tras escuchar nuestras propias experiencias y miedos, nos proporcionó claves muy interesantes para empezar a trabajar en la resolución del conflicto que nos genera un compañero que, de cuando en cuando, siente la necesidad de alejarse y, hacer y deshacer como lo haría un gato; algo que socialmente no supone un problema pero que tratándose de un perro, es impensable.

Un alejamiento no sólo nos resulta problemático por el miedo que sentimos derivado de la sensación de falta de control, sino que también, condiciona nuestro tiempo. Incluso si nos encontramos en un entorno seguro, con pocos peligros para el perro, el hecho de que desaparezca y tengamos que esperarlo o ir a buscarlo, afecta al resto de nuestras actividades ese día.

¿Qué podemos hacer? ¿Será necesario llevarlo siempre atado? ¿Permitimos el alejamiento a pesar de lo mal que lo pasamos cuando ocurre?

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Cada caso es distinto y se debería valorar individualmente la edad y capacidades del propio perro.

  1. En todos los casos será positivo reducir los niveles de estrés para empezar a trabajar desde una base en la que el perro se encuentre más relajado y, en consecuencia, más predispuesto a  aprender de las situaciones que vive, minimizando las posibilidades de error
  2. A partir de ahí será necesario trabajar nuestra confianza en el perro, eligiendo entornos en los que nos sintamos cómodos, incluso con correa al principio, pero que ofrezcan una alternativa al perro para desarrollar lo que necesite (zonas más acotadas pero ricas en olores, contenedores, parques…).
  3. Paralelamente trabajaremos para que el perro alcance un punto de madurez interesante, el punto en el que aparece la conciencia de grupo (de cachorros y adolescentes aún no entienden este concepto), que les mueve a actuar en beneficio de todos, pudiendo dejar de hacer algo que les apetece mucho, si tú se lo pides.

Cuando das libertad a un perro, no significa que no tengas voz sobre lo que tu perro hace o que no puedas poner límites en un momento dado. Libertad no es pasividad. Pero implica respeto por una relación bidireccional. El equilibrio en una relación se encuentra donde las responsabilidades del uno sobre el otro se reparten y se ajustan a lo que cada uno es capaz de dar en cada momento. En eso consiste la convivencia al fin y al cabo, que ambas partes disfruten, pero sean capaces, por un beneficio del grupo, de ceder para satisfacer una necesidad que no es propia, que es del otro; el famoso “hoy por ti, mañana por mi”.

Cuando existe un buen vínculo y el perro es suficientemente maduro, el perro necesita sentir que el grupo está cohesionado y actúa para que no haya conflictos, pero no por obligación o miedo a las consecuencias.

Permitir al perro decidir en la mayor parte de situaciones que no generan un problema grave, confiar en sus capacidades, ofrecer alternativas válidas a sus necesidades individuales y mantener la calma si el alejamiento sucede, pero poder mostrar tus sentimientos de una forma sincera cuando vuelve, ayudarán a que el perro también tenga responsabilidad sobre el alejamiento y valore, de una forma más lógica, si irse o no.

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